DIARIO


Este diario se convertirá en un registro detallado de mi experiencia en la Escuela Primaria Plan de Iguala, a través de estas páginas, registraré mis observaciones, las actividades en las que me involucre, los desafíos que se me presenten y los logros que obtenga. Mi objetivo principal será reflexionar y analizar cada paso de este proceso, con la meta de crecer profesionalmente como docente.

Primera jornada. 06/10 al 17/10 

Diario de práctica docente

Proyecto “¡Un muñeco con cabello de pasto!”

Iniciamos leyendo el texto del libro y retomando los ejemplos sobre lo que necesitan los seres vivos para vivir; en ese momento los niños mostraron un gran interés, especialmente cuando identificaron que ellos mismos, al igual que las plantas, necesitan agua y sol. Una alumna comentó: “Si una planta no toma agua, se pone triste”, lo cual me permitió conectar la explicación con su mundo emocional y abrir paso a una comprensión más significativa.

Durante las primeras sesiones, las preguntas de indagación resultaron fundamentales, pues al plantear: “¿Qué importancia tiene el agua para que las plantas crezcan?”, los alumnos ofrecieron respuestas diversas. Algunos relacionaron de inmediato el agua con la vida, mientras que otros mencionaron que “sin agua no crece nada”; gracias a ello encontré un excelente punto de partida para comenzar el diseño del muñeco verde.

Más adelante, cuando les pedí elaborar un cartel con información sobre el agua y la luz del sol, pude observar cómo construyen sus ideas mediante dibujos, palabras clave y frases breves. Además, resultó muy significativo notar que varios ya reconocen que los seres vivos tienen necesidades específicas y que el ambiente influye directamente en su crecimiento.

El día en que leímos el procedimiento para crear el muñeco verde fue especialmente emocionante, ya que al hacer la lista de materiales y organizar quién llevaría qué, los alumnos se mostraron muy responsables, participativos y entusiastas. Incluso algunos compartieron que sus papás los apoyarían con las semillas o el calcetín, lo que fortaleció la conexión entre escuela y familia.

Posteriormente, el momento de elaborar el muñeco verde se convirtió en una experiencia profundamente significativa. Varios niños nunca habían trabajado con tierra o semillas, de modo que verlos manipular los materiales, hacer preguntas, reír y comparar sus creaciones resultó sumamente enriquecedor. Yo me sentí feliz de guiarlos mientras experimentaban y descubrían cada paso del proceso.

En la fase de comparación de resultados, los alumnos observaron atentamente sus muñecos y registraron diferencias en tamaño, grosor del pasto y nivel de humedad. Además, comentaron que algunos crecieron más “porque les echaron más agua” o “porque les dio más sol”, lo cual evidenció que estaban comprendiendo las variables que influyen en el crecimiento de las plantas.

La breve exposición también se convirtió en un momento importante, ya que cada equipo explicó los cuidados que brindó a su muñeco y describió las observaciones realizadas. A pesar de su corta edad, varios lograron expresar ideas científicas con sus propias palabras y justificar sus observaciones; incluso entre ellos mismos se hicieron preguntas que enriquecieron el intercambio.

Para cerrar el proyecto, elaboraron un dibujo o collage titulado “Mi muñeco verde y lo que aprendí”, donde pude ver cómo integran conocimientos con creatividad. Algunos representaron las etapas del crecimiento, otros incluyeron gotas de agua y soles, mientras que varios escribieron frases como “Las plantas necesitan amor”, lo que reflejó una comprensión integral.

En lo personal, este proyecto me permitió fortalecer mi práctica desde el enfoque STEAM, ya que pude observar, cuestionar, guiar y acompañar su proceso de investigación. Asimismo aprendí a confiar más en la voz de mis alumnos, a fomentar su curiosidad y a valorar cada una de sus interpretaciones, aunque fueran distintas entre sí.

Concluyo este proyecto con una profunda sensación de satisfacción, pues ver a mis alumnos cuidar su muñeco, esperar pacientemente a que creciera el pasto y maravillarse con los cambios me recordó la esencia del aprendizaje en primaria: aprender haciendo, descubrir, preguntar, equivocarse y volver a intentar.


Proyecto “Cuidamos el agua, cuidamos nuestros derechos”

Desde el primer día, cuando leímos el texto y analizamos la imagen sobre el uso del agua, los alumnos comenzaron a compartir situaciones reales de sus hogares, lo que me permitió comprender mejor su contexto. Comentarios como “Cuando se va el agua, mi mamá no puede lavar” o “A veces no nos alcanza para regar las plantas” abrieron un espacio de diálogo honesto que enriqueció la reflexión grupal.

Durante la fase de Recolectemos, observé cómo empezaban a distinguir entre los usos necesarios del agua y aquellos que pueden reducirse. Al entregarles tarjetas con diversas acciones, surgieron debates muy interesantes; incluso un alumno expresó: “Maestra, aunque jugar con globos de agua es divertido, sí gasta mucha”. Este tipo de razonamientos evidenció importantes avances en su pensamiento crítico.

El ejercicio sobre los derechos también resultó muy enriquecedor, ya que al leer el fragmento que escribí en el pizarrón, varios preguntaron por qué el agua se relaciona con la salud o la alimentación. Me sorprendió cómo, al sentirse motivados, fueron capaces de relacionar ideas de manera natural; algunos incluso comentaron que en casa tienen cuidado de no desperdiciar el agua “para que alcance para todos”.

Más adelante, al crear el compromiso grupal, los alumnos participaron con entusiasmo, pues entre todos redactamos un acuerdo que colocamos en el aula y cada niño propuso al menos una acción concreta. Sentí que realmente comprendieron que cuidar el agua no es solo un contenido escolar, sino una responsabilidad colectiva.

La elaboración del periódico mural fue la parte más dinámica del proyecto, ya que cada estudiante realizó un dibujo sobre lo que para él o ella significaba cuidar el agua. Verlos interactuar, ayudarse y valorar su propio trabajo reforzó en mí la importancia del trabajo colaborativo para formar ciudadanía desde la infancia. El mural quedó colorido, lleno de mensajes claros y representaciones auténticas: manos cerrando la llave, plantas regadas con cuidado, familias reutilizando agua, entre otras imágenes.

Finalmente, en la fase de reflexión, los alumnos compartieron sus aprendizajes en asamblea. Muchos comentaron que no se imaginaban que el agua estuviera “relacionada con derechos”, mientras que otros afirmaron que ahora “sí van a cuidar más el agua en su casa”. Estas experiencias me confirmaron que el proyecto fue significativo y que los aprendizajes trascendieron lo académico.

En lo personal, este proyecto me permitió mejorar mi capacidad para guiar discusiones, formular preguntas detonadoras, organizar actividades con participación equitativa y observar cómo el aprendizaje se construye de manera colectiva. Descubrí que los niños poseen una enorme capacidad de reflexión cuando se les ofrece el espacio adecuado.

Cierro este proyecto con satisfacción y gratitud, pues no solo evalué a mis alumnos, sino que también reflexioné sobre mi propio avance como docente practicante. Aprendí a escuchar más, observar más y confiar plenamente en la capacidad de mis alumnos para construir conocimiento y asumir compromisos reales con su entorno. 


Segunda jornada. 10/11 al 05/12 

Diario de práctica docente

Proyecto de Autocuidado y Emociones

Durante estos días he vivido un proceso importante de adaptación y crecimiento docente. Al iniciar este nuevo proyecto centrado en el autocuidado, las emociones y la preparación de una feria final, experimenté una mezcla de sentimientos: por un lado, entusiasmo por trabajar un tema tan necesario para mis alumnos; por otro, incertidumbre por dejar atrás el proyecto que yo misma había elaborado con tanta dedicación.

Al principio, el cambio de mi proyecto original a este nuevo me hizo sentir desorientada. Yo ya tenía una ruta diseñada, actividades pensadas y una intención personal fuerte respecto a lo que quería lograr con mis estudiantes. Sin embargo, poco a poco fui entendiendo que este nuevo enfoque no anulaba mi trabajo previo, sino que me invitaba a integrar mis ideas con una propuesta más amplia, estructurada y directamente vinculada con necesidades socio emocionales que mis alumnos manifiestan todos los días en el aula.

A medida que fui avanzando con las actividades del proyecto, comencé a sentir un alivio y una seguridad diferente. Me di cuenta de que el autocuidado, las emociones y la convivencia son temas que mis estudiantes realmente necesitan, quizá más que cualquier otro contenido en este momento. Verlos participar en el “Círculo de las emociones”, compartir lo que los hace únicos, jugar la lotería del autocuidado o reflexionar después de las lecturas, me mostró la profundidad que puede tener este proyecto si lo conduzco con sensibilidad, paciencia y claridad.

También ha sido un reto organizar todo el material, adaptar lo que originalmente era para primer grado, y traducirlo a un segundo con sus propias características. Pero ese reto me ha hecho sentir más capaz, más flexible y más consciente de las decisiones pedagógicas que tomo. He aprendido a confiar en mí y en el proceso, incluso cuando implica modificar mis planes.

Este proyecto me está permitiendo observar a mis alumnos desde otra mirada: más humana, más cercana y más atenta a lo que cada uno siente, necesita y expresa. Me doy cuenta de que trabajar las emociones tiene un impacto inmediato en el clima del aula y en la disposición que ellos muestran para aprender.

Aunque el cambio de proyecto al inicio fue complicado, hoy puedo reconocer que ha sido una oportunidad para crecer y fortalecer mis prácticas. Me está ayudando a ser una docente más abierta, más reflexiva y más consciente de que los proyectos pueden transformarse sin perder su esencia. Sigo aprendiendo, sigo ajustando y sigo descubriendo nuevas maneras de acompañar a mis alumnos en su desarrollo integral.

En general, siento que este proyecto se está convirtiendo en una experiencia significativa tanto para mis alumnos como para mí. Me ha permitido reafirmar que lo emocional también es aprendizaje, que las rutinas pueden reinventarse y que yo también evoluciono como maestra cada vez que permito que mis planeaciones dialoguen con las necesidades reales del grupo.







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