APRENDIZAJE EN SERVICIO

  ¿Qué sentido le doy a mi profesión?

El sentido que le doy a mi profesión docente radica en la pasión y el compromiso que siento por la educación, desde pequeña siempre quise ser maestra, y eso me ha llevado a entender la enseñanza no solo como la transmisión de conocimientos sino como la oportunidad de formar personas integrales, críticas, empáticas y con capacidad de trabajar en equipo. Ser docente para mi significa inspirar, guiar y acompañar a los alumnos en su proceso de aprendizaje; escuchando y validando sus emociones, aprendiendo junto a ellos y mostrándome siempre como alguien que nunca deja de aprender, generando un impacto positivo en sus vidas, cambiando perspectivas y contribuyendo al desarrollo de una sociedad más justa y humana. 

Nunca dejar de ser una docente trascendente es decir, ir más allá de enseñar contenidos: dejar una huella positiva en la vida de los estudiantes. Ser visionaria implica anticipar las necesidades de mis alumnos, motivarlos a crecer y prepararlos para enfrentar los retos del futuro, contribuyendo a formar personas críticas, responsables y con valores que transformen su entorno.

¿Qué busco reivindicar en mi práctica docente?


En mi práctica docente busco reivindicar principalmente la evaluación y la manera en que organizo el orden y la dinámica dentro del aula. Durante mi última experiencia noté que, aunque logré cumplir con los contenidos y mantener la atención de los alumnos en varios momentos, aún me falta perfeccionar la manera en que evalúo sus aprendizajes. Muchas veces me enfoqué más en los productos finales que en los procesos, dejando de lado la oportunidad de dar retroalimentación constante y formativa.

Asimismo, considero necesario mejorar la gestión del orden en clase, pues en ocasiones permití que ciertas distracciones o interrupciones afectaran el ritmo de la sesión. Me doy cuenta de que el orden no solo depende de reglas establecidas, sino también de mi capacidad de generar dinámicas motivadoras que mantengan a los alumnos participativos y enfocados.

Por ello, busco reivindicar el equilibrio entre disciplina y motivación, aplicando estrategias de evaluación formativa, actividades variadas y mejor organización del tiempo. De esta manera, podré crear un ambiente más estructurado, justo y participativo, que me permita acompañar mejor a los estudiantes en su proceso de aprendizaje.

¿Qué he comprendido de mi práctica docente?


Durante mis practicas, he comprendido que educar no se trata solo de planear, aplicar actividades o cumplir con evidencias, sino de reconocerme en cada experiencia que vivo dentro del aula, cada día me reveló algo sobre mí misma: mis formas de reaccionar, mis emociones, mis límites y la manera en que aprendo a estar con otros.

Las figuras del Análisis Transaccional —Padre, Adulto y Niño— me ayudaron a identificar desde dónde actuaba y por qué; descubrí que, en ocasiones, surgía mi Padre crítico al señalar lo que debía mejorar o al establecer normas; que mi Adulto aparecía cuando necesitaba serenidad y claridad para guiar el grupo; y que mi Niña trasmitía en esos momentos de vulnerabilidad y emoción profunda, como cuando me cambiaron la planeación, cuando sentí la presión de mis responsabilidades o cuando me despedí del grupo con nostalgia sincera.

Las actividades que realicé dinámicas participativas, también me mostraron que el aprendizaje significativo nace cuando los estudiantes pueden involucrarse de manera activa, emocional y colaborativa, cada experiencia me permitió escribir una narrativa que se convirtió no solo en evidencia, sino en un espejo de mi crecimiento; a través de mis propias reflexiones después de cada clase, fui dándome cuenta de que enseñar también implica observarme, cuestionarme y reconstruirme constantemente.

Comprendí que soy una docente que aprende en el camino, que siente, que se equivoca y que se levanta, soy alguien que busca equilibrar la firmeza con la sensibilidad, que intenta sostener la estructura sin apagar la creatividad y que reconoce su derecho a sentir mientras acompaña a otros a aprender, considero que para mejorar en la práctica es por la reflexión continua, por la búsqueda de estrategias que integren lo emocional con lo cognitivo y por el deseo de generar ambientes donde los estudiantes se sientan seguros, valorados y parte de algo importante.

Desde ahí, la educación se convierte para mí en un proceso humano, relacional y profundamente emocional, no la veo como transmisión de contenidos, sino como un espacio donde cada quien (incluyéndome) tiene la oportunidad de conocerse mejor, acompañar, orientar, observar, escuchar y comprender lo que sucede en el aula; es entender que lo que pasa en el interior de mi, como la docente "titular" también forma parte del proceso educativo.

Hoy veo mi práctica como un camino en construcción: imperfecto, retador y lleno de aprendizajes, y veo la educación como un espacio que transforma, que no solo enseña, sino que invita a sentir, pensar y ser. Y en ese movimiento constante, voy descubriendo quién soy, quién puedo llegar a ser y cómo deseo seguir enseñando.